miércoles, 14 de marzo de 2012

Nanka, todo por amor




Una nueva historia dentro de la cocina peruana se ha comenzado a escribir y tiene como protagonista a un chef australiano.

Dicen que no hay mejor lenguaje que los gestos, pero en este caso, la comida es la mejor forma de entender a Jason, un chef australiano que llegó hace un año a Perú para abrir el sueño de su vida, al que nombró con su apellido: “Nanka”, un nuevo espacio que le rinde culto
a la gastronomía sostenible.

En entrevista con Paladares, este joven chef habló del proyecto de su vida, que tras
columnas sólidas de eucaliptos y bambú, fue inaugurado hace una semana en La
Molina, un distrito donde tienen al alcance todo tipo de insumos cuyo único viaje que
realizan es del campo a su cocina.

Su carta desde un principio anuncia que es un concepto para compartir, diseñado con
ayuda de Lorena Valdivia, especialista en administración de restaurantes y, a la vez,
la peruana que le robó el corazón al chef y quien lo acercó a la gastronomía peruana.

EXPERIENCIA NANKA

Hasta el agua que sirven de cortesía es una experiencia distinta, pues ese líquido
elemento reposa siempre sobre naranja y algunas hierbas, hasta que es servido en el
vaso, ideado para limpiar el paladar al momento de pasar de un plato a otro. Lo que
viene después va en escala ascendente.

Las entradas no tienen un nombre definido, pero sí distintos estilos que van desde unos rollitos vietnamitas rellenos de langostinos y hongos shitake, en hoja de lechuga y fideos de arroz, salsa e pescado, aceite de ajonjolí y ají limo; concha con puré de coliflor y con puntos de betarraga y morcilla; y el cebiche de bonito sobre carpaccio de palta con sandía y papaya verde
encurtida con leche de tigre estilo nikkei.

La mesa queda chica para la pachananka, compuesta por osobuco marinado en cerveza negra y huacatay, panceta de cerdo marinado en ají panca, pollo condimentado con chincho y huacatay; acompañados con camote, papa huamantanga y mashgua más una ensalada
de habas, queso y choclo.

Y su mayor demostración de sostenibilidad en un plato de fondo es el pescado del día,
que para la ocasión fue una cabrilla servida en un curry a lo macho con leche de coco,
hierba luisa, langostinos, calamares, tomate cherry y cebolla grillada. Al fondo del plato
queda todo el concentrado, pedir una cuchara para esto, queda como consejo.

De cuento

Jason Nanka es un chef que tuvo la dichosa ventaja de crecer en una granja de hierbas
en Queensland (Australia) y quien comenzó trabajando en un restaurante hindú como
lavaplatos y luego en la cocina misma; ya en el 2006, entra a un restaurante italiano, en
el que conoce a Lorena.

Su buen olfato y conocimientos de diversos insumos desde su cultivo, hicieron distinta su
manera de cocinar, por lo que rápidamente aprendió de cocina peruana, mezclando sabores
y hasta importando semillas de toda clase de hierbas y ajíes para ser cultivados en
su huerto.

“Para lograr mi propuesta, he experimentado mucho con los insumos y probando lo
tradicional; es una cocina en la que servimos algunos recuerdos de Australia. La carta no
se mantiene estática, si hay carencia de algo, prefiero reemplazar; así apoyamos al
consumo de productos de estación”, dice.

Postres de
ají y choclo

El postre tenía que estar bien ligado a su carta, pero eso sí, asegura el chef, “nada
de brownies, nada de cheescakes”; de este modo, ofrece un adictivo soufle de
ají amarillo con una miel de chancaca y pecanas confitadas, acompañado de
helado de choclo sobre una cama de piña deshidratada.

Para los menos inclinados hacia lo empalagoso esta la sensación de frutos
rojos, que es una panacota con vainilla de Madagascar, fresas silvestres de base
con una reducción de vinagre balsámico, crema de frutos rojos, tierra de cacao
con sal de Maraz y con puntos rosas de pimiento molle.

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